DÍA DE LAVADO
Los lunes es mi día de lavado. A la hora de la siesta preparo la ropa en el bolso y camino hacia la lavandería. Cinco cuadras. Pongo el jabón y el suavizante en la cubeta, pulso el arranque y me siento. Me siento y leo. A veces dejo de leer, atrapada en algún pensamiento ocasional. Mientras pienso, miro el giro de la ropa a través de la puertita transparente.
La toalla verde, una funda celeste, el jean de Enrique.
El jean de Enrique, por momentos, ocupa todo el lugar visible, en otros, es apenas un retazo de tela entre el resto de la ropa. Pero todo el tiempo se oye el clic clic del cierre relámpago que roza las paredes del tambor metálico. El mismo clic clic de las llaves de Enrique en la presilla de atrás del pantalón. Las llaves de la casa, del auto, de los cajones del escritorio en la oficina.
La camisa a cuadros, la remera a rayas, las medias azules de Enrique.
Antes de salir para la lavandería miro debajo de la cama. Seguro que encuentro un par de medias. Hoy estaban las azules. Por la noche, cuando Enrique se acuesta, se saca, antes que nada, la camisa y los zapatos; después el pantalón, que tira sobre el respaldo de una silla. Clic clic hacen las llaves por última vez en el día. Enseguida, sentado al borde de la cama, se quita una media, la estira y la deja caer al lado de los zapatos. Hace lo mismo con la otra y se acuesta.
El buzo amarillo, otra vez las medias azules, la remera gris.
Ayer manchó con crema la remera gris. Todos los domingos igual, no come sin mancharse. Los domingos vamos a la quinta de Román. Reunión de amigos de la infancia con esposas comprendidas. Compartimos los gastos del asado, Román selecciona las bebidas de su bodega, y cada una de nosotras lleva algo dulce. Llegamos alrededor de las once y después de los saludos las mujeres vamos a la cocina para preparar una picadita y la ensalada. Los hombres hacen el asado. A la hora de comer, los maridos –excepto Román, siempre tan sobrio, tan medido-, algo achispados por los brindis junto a la parrilla, hablan en voz alta, hacen bromas, y cada uno trata de superar en ingenio al otro. Y nos reímos ruidosamente, como si necesitáramos convencernos de que nos divertimos como locos. Después, mientras las mujeres lavamos los platos y Román lee en la galería, los demás juegan al truco y hablan de fútbol. En la cocina se oyen las voces exaltadas que llegan desde el quincho. Terminamos con la cocina y ya es hora de la merienda. Claro, un poco que almorzamos tarde y otro poco que debemos salir temprano hacia la capital, las comidas se nos enciman. Pero no importa, es domingo, no hay obligaciones que nos requieran, entonces comemos. Azúcar e hidratos de carbono. Y como hace calor, gaseosas, muchas gaseosas.
La tarde se va, y con ella la euforia. Cuando las sombras de los árboles se alargan sobre el pasto, entramos las sillas, nos repartimos la comida que sobró y subimos a los autos. Ya sin gritos ni risas. Salimos en fila y nos despedimos con un bocinazo al llegar a la autopista. Enrique y yo permanecemos en silencio. Como si estuviésemos vacíos por dentro. ¿Les pasará lo mismo a los otros? ¿También Fernando y Jorge se quejarán de pesadez estomacal al llegar a sus casas, tomarán sales digestivas e irán la cama sin cenar?
El toallón turquesa, la camisa a rayas, mi blusa nueva.
Enrique ni siquiera se dio cuenta que estrené una blusa. Ya no es atento ni aprecia mi coquetería. En cambio Román siempre advierte cuando estreno algo y hace algún comentario estimulante.
El toallón turquesa, la camisa blanca de Enrique.
Quiere tenerla planchada para mañana. Hay campeonato de truco en el club. Dice que va a venir tarde. Cuando no viene tarde se va a dormir temprano. Antes de ir a la oficina lee el diario, cuando vuelve de la oficina lee el diario. Todavía no entiendo qué le vi, por qué me casé con él.
El buzo amarillo, la remera rayada, el pañuelo de Román, la remera gris, la funda celeste, el pañuelo de Román...
abril 28, 2007
abril 05, 2007
MALAS PALABRAS 1
GRAN HERMANO
Una cosa es la facultad del habla.
Y otra, el don de la palabra.
Abro el diario y leo: “fueron a buscarlo para que les diga...”
Enciendo la radio y oigo: “la balacera que se produjo en la calle...”
Miro una película subtitulada y veo: “disculpa, el tráfico me impidió llegar...”
Tiempos verbales que no se corresponden, palabras extranjeros en lugar de las propias, términos de significado ajeno a lo que se quiere expresar.
Reflexión: si el pésimo uso del idioma lo cometen personas autorizadas a hablar o escribir para el público, personas a quienes les cabe una gran responsabilidad, pues el que habla o escribe para multitudes hace docencia aunque no quiera, ¿qué queda para el espectador, oyente o lector?
Le queda GRAN HERMANO, un grupo de jóvenes, semidioses efímeros de la TV, que viven encerrados, aislados y en ocio destructivo. Lo único que pueden hacer es hablar y hablar y hablar. Los integrantes de GH son admirados y envidiados por mucha de la juventud que vive del lado de acá del televisor, chicos que pasan muchas horas mirando (¿o espiando?) lo que unos pocos hacen o dicen en esa casa-cárcel mediática.
El elenco de GH está compuesto por gente joven, supermoderna, bien parecida, que viste ropas top; gente que anda descalza y se sienta con los pies bajo el traste. Un comportamiento muy canchero, en un ambiente cómodo, grato y moderno.
Cuando decidí enterarme cómo era GH, lo hice creyendo que vería algo interesante, pero confieso que apagué el televisor sintiéndome una voyeur burlada: las charlas de los chicos me dejaron perpleja, patitiesa, patidifusa, petrificada, boquiabierta, estupefacta, atónita, turulata, aturdida, desconcertada, anonadada y no sé que más.
Si los chicos de hoy, como se sabe, tienen un lenguaje muy precario, muchos de los personajes de GH tienen el mérito de haber reducido esa precariedad a su mínima expresión. Pero eso no es todo: estos chicos que hablan todo el tiempo, que hablan todos a la vez, que tienen un ego demasiado desarrollado como para no hacer otra cosa que referirse a sí mismos, esos chicos, decía, en su mayoría, son incapaces de construir oraciones completas o correctas, carecen de coherencia en la expresión, tienen desconocimiento básico de la gramática y la semántica, hablan con frases mal hilvanadas y con verbos que no se corresponden. Abordan temas insustanciales que, encima, expresan de modo inconexo y reemplazan lo que no pueden decir con palabras a través de gestos de cara y manos. ¿Será que estamos volviendo a comunicarnos por señas y yo no me enteré?
Resulta curiosísimo ver cómo, en algunos diálogos, uno de los interlocutores lucha denodadamente con el lenguaje mientras su narración naufraga, y el otro mira y escucha con total compenetración. ¿De qué habla uno? ¿Qué escucha el otro? ¿Soy yo quien se ha vuelto tarada?
Nadie quiere genios en TV, pero sería bueno que hubiera un poco, un poquitito así, nada más, de materia gris en algún lado.
Pero no me quiero quedar en la crítica, también quiero ser útil, hacer un aporte a la serie. Tengo una propuesta: ¿Por qué no contratan a Tarzán y lo incluyen en la casa? Estoy segura de que elevaría muchísimo el nivel discursivo de los integrantes del programa.
Y otra, el don de la palabra.
Abro el diario y leo: “fueron a buscarlo para que les diga...”
Enciendo la radio y oigo: “la balacera que se produjo en la calle...”
Miro una película subtitulada y veo: “disculpa, el tráfico me impidió llegar...”
Tiempos verbales que no se corresponden, palabras extranjeros en lugar de las propias, términos de significado ajeno a lo que se quiere expresar.
Reflexión: si el pésimo uso del idioma lo cometen personas autorizadas a hablar o escribir para el público, personas a quienes les cabe una gran responsabilidad, pues el que habla o escribe para multitudes hace docencia aunque no quiera, ¿qué queda para el espectador, oyente o lector?
Le queda GRAN HERMANO, un grupo de jóvenes, semidioses efímeros de la TV, que viven encerrados, aislados y en ocio destructivo. Lo único que pueden hacer es hablar y hablar y hablar. Los integrantes de GH son admirados y envidiados por mucha de la juventud que vive del lado de acá del televisor, chicos que pasan muchas horas mirando (¿o espiando?) lo que unos pocos hacen o dicen en esa casa-cárcel mediática.
El elenco de GH está compuesto por gente joven, supermoderna, bien parecida, que viste ropas top; gente que anda descalza y se sienta con los pies bajo el traste. Un comportamiento muy canchero, en un ambiente cómodo, grato y moderno.
Cuando decidí enterarme cómo era GH, lo hice creyendo que vería algo interesante, pero confieso que apagué el televisor sintiéndome una voyeur burlada: las charlas de los chicos me dejaron perpleja, patitiesa, patidifusa, petrificada, boquiabierta, estupefacta, atónita, turulata, aturdida, desconcertada, anonadada y no sé que más.
Si los chicos de hoy, como se sabe, tienen un lenguaje muy precario, muchos de los personajes de GH tienen el mérito de haber reducido esa precariedad a su mínima expresión. Pero eso no es todo: estos chicos que hablan todo el tiempo, que hablan todos a la vez, que tienen un ego demasiado desarrollado como para no hacer otra cosa que referirse a sí mismos, esos chicos, decía, en su mayoría, son incapaces de construir oraciones completas o correctas, carecen de coherencia en la expresión, tienen desconocimiento básico de la gramática y la semántica, hablan con frases mal hilvanadas y con verbos que no se corresponden. Abordan temas insustanciales que, encima, expresan de modo inconexo y reemplazan lo que no pueden decir con palabras a través de gestos de cara y manos. ¿Será que estamos volviendo a comunicarnos por señas y yo no me enteré?
Resulta curiosísimo ver cómo, en algunos diálogos, uno de los interlocutores lucha denodadamente con el lenguaje mientras su narración naufraga, y el otro mira y escucha con total compenetración. ¿De qué habla uno? ¿Qué escucha el otro? ¿Soy yo quien se ha vuelto tarada?
Nadie quiere genios en TV, pero sería bueno que hubiera un poco, un poquitito así, nada más, de materia gris en algún lado.
Pero no me quiero quedar en la crítica, también quiero ser útil, hacer un aporte a la serie. Tengo una propuesta: ¿Por qué no contratan a Tarzán y lo incluyen en la casa? Estoy segura de que elevaría muchísimo el nivel discursivo de los integrantes del programa.
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