EL DELANTERO
Hacía más de dos años que el equipo de fútbol no ganaba un solo partido. Probaron de todo: cambio de director técnico, compra de nuevos jugadores, premios por cada gol convertido, sueldos fabulosos. Y nada. Los hinchas estaban furiosos, los dirigentes, desesperados. Para explicar el asunto se barajaron las más diversas hipótesis. Una de las más disparatadas sostenía que la cancha estaba embrujada. Como no era cuestión remilgos, llamaron a un cura que recitó exorcismos y asperjó césped y arcos con agua bendita. Pero los demonios no huyeron y el equipo siguió perdiendo fecha tras fecha.
Hasta que un día, ante el asombro de todo el mundo, ganó el primer partido. La segunda victoria se produjo al domingo siguiente, la tercera, al otro. Y siguieron ganando domingo tras domingo.
Ahora el equipo está primero en la tabla de posiciones y a punto de llevarse el campeonato. Y todo gracias a un formidable delantero de barbita, pelo largo y nariz ganchuda, capaz de meter dos o tres goles por partido. Otros lo quieren comprar. Ofrecen sumas fabulosas. Pero el club no lo vende. Y cuando le preguntan a la comisión de dónde lo sacaron, dicen que de las inferiores. Pero nadie recuerda haberlo visto nunca en las inferiores de ningún club.
mayo 04, 2007
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